Pandemic

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Pandemia fue el primer juego cooperativo que tuvo verdadera repercusión. Ha llegado a un público mucho más amplio tanto por lo general del tema como por lo accesible de su reglamento y su tiempo de juego; prueba de ello es cómo, desde su publicación, hemos experimentado un verdadero boom en los juegos cooperativos que seguimos viendo hoy en día.

Descripción

Pandemic nos pone en la piel de médicos e investigadores que viajan por el mundo intentando encontrar la cura a temibles plagas que amenazan a toda la Humanidad y, ¿quién puede ponerle ninguna objeción a ese tema? Los juegos de zombies tienen sus detractores, así como los juegos de guerra o los de fantasía medieval o incluso los de ciencia ficción pero, ¿quién va a decir “no, a mí eso de erradicar enfermedades me parece inmoral o de mal gusto”?

Un grupo de valientes contra un enemigo invisible y letal… O dos peones y un montón de cubos.

Por otro lado, el hecho de que sea un juego cooperativo hace más fácil que un aficionado a los juegos de mesa lo pueda sacar con un grupo de amigos que no ha salido de Risk o Monopoly, ya que al estar todo el mundo del mismo lado no vale la excusa de “claro, como tú ya sabes jugar nos vas a ganar” y el jugador más experimentado siempre puede ayudar con las reglas o dar consejos estratégicos a los demás sin sentir que está “levantando la mano” ni añorar un reto: jugar a Pandemic con novatos es igual de divertido o más que hacerlo con expertos, ya que el nivel de dificultad lo aporta el propio juego.

Y por último, pero no menos importante, es cómo unas reglas muy sencillas son capaces de transmitir un nivel de tensión tan logrado. En Pandemic el turno es bastante simple: tienes cuatro acciones para moverte, intercambiar cartas de ciudad, eliminar cubos de infección, construir laboratorios o curar una enfermedad descartando cinco cartas de un mismo color en un laboratorio. Si conseguís curar las cuatro enfermedades del juego antes de llegar a una de las condiciones de derrota, habéis ganado.

Por otro lado, al final del turno de cada jugador pasan dos cosas: en primer lugar, robas dos cartas de ciudad, y en segundo, extiendes la infección robando dos cartas del mazo de infección y colocando cubos en las ciudades correspondientes. Parece fácil, ¿no? Eso es porque he obviado las cartas de epidemia: estas cartas, que se encuentran barajadas en el mazo de ciudades, detienen el juego y aumentan la velocidad con la que sacas cartas del mazo de infección, pudiendo llegar a 3 ó 4 cubos nuevos cada turno. Por si fuera poco, y éste es el punto más genial del diseño del juego, infectas una nueva ciudad con tres cubos, barajas el descarte del mazo de infección y lo colocas en la parte superior de éste, lo que significa que, durante los siguientes turnos, las ciudades donde aparecerán esos cubos son aquellas en las que ya habían aparecido antes, acumulándose y pudiendo dar lugar a estallidos en los que, cuando una ciudad no admite más cubos, los coloca en todas las ciudades adyacentes, con la posibilidad añadida de que un estallido provoque otro y otro más en una reacción en cadena que puede convertir una infección casi controlada en una pandemia en toda regla.

¿Se puede odiar una carta? Sí, sí se puede.

Por suerte, los jugadores tienen a su disposición distintos héroes (porque hay que llamarlos así, con todas las letras) con distintas capacidades especiales entre los que elegir para cada partida: puedes ser un experto en tratar infecciones y eliminar cubos con más rapidez, un científico que necesite menos cartas para encontrar una cura, un investigador que pueda intercambiar cartas más fácilmente… El éxito o fracaso en una partida dependerá en gran parte de los personajes que participen y cómo seáis capaces de sacarles el máximo partido a sus habilidades.

Si hay un punto negativo que se le puede achacar a Pandemic es que la limpieza de su diseño puede jugarle una mala pasada y hacer que algún jugador se lo tome en el sentido más puro de puzzle a resolver y se convierta en un jugador alfa que intente dominar la partida y controlar las acciones de todos los demás, mientras que un jugador menos asertivo pueda verse limitado a mero espectador. Esto no es un problema único de Pandemic, sino algo que en mayor o menor medida aparece en todos los cooperativos, así que depende sobre todo de tu grupo de juego: si ves que un jugador concreto se empeña en actuar como jugador alfa coméntaselo y, si ves que la cosa no tiene remedio, escoge otro juego cuando compartáis mesa.

Por último, es obligatorio hablar de las expansiones. La primera de ellas, On the Brink, añade básicamente más de lo mismo: más personajes, más cartas especiales y más modos en los que las enfermedades se pueden comportar y, por eso mismo, la considero casi imprescindible si vas a jugarlo mucho (y, créeme, a poco que te gusten los juegos cooperativos, Pandemic va a ver mucha mesa contigo). La siguiente, In the Lab, cambia el modo de curar las enfermedades, introduciendo un mini-juego en el que mueves los cubitos de las infecciones que tratas entre varias plaquitas de Petri hasta conseguir una combinación determinada, y puede resultar muy interesante para quienes vean el tema de descartar cartas del mismo color demasiado abstracto o aleatorio.

Lo mejor: un tema original y bien puesto en escena, y una dificultad lo suficientemente alta como para mantenerte enganchado pero no tanto como para frustrarte.

 

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