Un imperio en 8 minutos

14,50

¡Crea un imperio y conquista el mundo en menos de 10 minutos!Los jugadores deben elegir en su turno una carta de entre seis disponibles. La carta proporciona una mercancía y también una acción que el jugador deberá realizar de inmediato. Las acciones permiten ir conquistando el mapa poco a poco, pero las mercancías aportan puntos al final de la partida, de modo que los jugadores no podrán descuidar ninguno de los dos aspectos.

 

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Descripción

Un imperio en 8 minutos

Nos encontramos ante un juego de mayorías y de colección de cartas. El juego bebe directamente de uno de los grandes clásicos de los Eurogames: El Grande. Una forma rápida de definir este título sería decir que es El Grande, sin rondas de puntuación ni subastas por el orden de juego, y con el añadido de las mercancías y la gestión del dinero.

Asumiendo el juego como un reto con los limites establecido, es un digno candidato para cualquier mesa.

No se jugará en ocho minutos, pero si en veinte, y tenemos un juego de mayorías y set-collection, por lo que es muy interesante tenerlo en la colección, ya que no hay muchos juegos que puedan comparársele con estas características. Por decir uno, el Condottiere podría partir de una premisa similar. Si ya tenemos este último es probable que el juego de Ryan Laukat no destacase en nuestra colección.

Las partidas son totalmente distintas en función del número de jugadores. A dos jugadores, como suele ocurrir habitualmente, hay mucho más control, de ahí que haya más rondas para intentar establecer una diferencia sustancial que defina claramente al ganador de la partida. A más jugadores tenemos menos rondas porque, como hemos comentado, la situación del tablero entre ronda y ronda de un jugador varía bastante, y la interacción entre todos los jugadores es suficiente como para generar diferencias significativas al final de la partida. Pero claro, desde el punto de vista de un jugador concreto, menos rondas son menos acciones. Por tanto hay que intentar hacer más con menos. Esto nos llevará a intentar estrategias que se adecuen a la situación en el tablero, potenciando nuestra capacidad de adaptación. También mejora la rejugabilidad el que el tablero sea de doble cara y la opción de añadir mercancías a las regiones, pues podremos ofrecer escenarios bastante distintos que inciten a los jugadores a expandirse de diversas formas en función de la partida que se nos plantee.

Hablemos un poco de los componentes. Como suele ser habitual con Devir, nos encontramos con elementos de una magnifica calidad. Cartas de buen gramaje, con borde blanco y que no van a ser manoseadas excesivamente, es uno de esos raros casos en los que podríamos plantearnos no enfundarlas (aunque mi consejo es que enfundéis todo lo enfundable). El tablero también es de gran calidad, aunque en mi opinión es un poco pequeño, sobre todo teniendo en cuenta el tamaño de la caja en el que viene el juego. Ya sé que por el precio del juego tal vez sería pedir demasiado, pero cuando la partida es a cuatro o cinco jugadores, a veces es difícil meter tantos cubos en regiones tan pequeñas. Respecto al arte del juego podríamos decir que es limitado. Hay que tener en cuenta que es el propio Ryan Laukat quien se encarga de él. Con esto no quiero decir que haya hecho un mal trabajo. El elemento más llamativo, por seguir con la campaña de marketing, es la portada, que si es muy llamativa y que, unido al tema del nombre del juego, dan ganas de comprárselo a verlo en cualquier tienda. Pero una vez que abrimos el juego, vemos un mapa en tonos amarillentos bastante plano, que cumplen totalmente su función, pero que carecen de cualquier ornamento que nos llame la atención (únicamente una pequeña leyenda con un alfabeto desconocido). Y las cartas, en mi opinión, están algo descompensadas. Lo que más peso tiene en la carta es lo que menos importancia tiene durante el desarrollo de la partida, que son los puntos de victoria que van a otorgar ese tipo de mercancía, mientras que la acción aparece en la parte inferior, a un tamaño mucho menor y sin destacar. A mí me habría cuadrado más si la acción hubiese aparecido en la zona central, a un tamaño mucho mayor (aunque tampoco hay mucho más que ilustrar). Afortunadamente tenemos las cartas comodín, que le dan algo de vistosidad a la baraja (precisamente porque no incluyen el listado de puntos de victoria de las mercancías y si la imagen de la portada que tanto me gusta).

Aun con todo, el juego sigue teniendo una excelente relación calidad precio. Pocos títulos pueden ofrecer tanto con tan poco. Un mazo de cartas amplio, tablero a doble cara, muchos marcadores de cartón y cubos y discos de madera por 15 euros. Difícil de superar.

Resumiendo, Un imperio en 8 minutos es un juego de control de zonas extremadamente rápido pero repleto de decisiones difíciles. Es muy fácil de aprender y perfecto para cuando solo se dispone de unos minutos para jugar. Y a un precio insuperable para un juego de mesa.

 

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