Caylus

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Caylus es el Chuck Norris de los juegos de mesa. Si alguna vez habéis oído que los juegos de gestión de recursos son como jugar a un solitario entre varias personas o que si un juego tiene cubitos de madera seguramente carecerá de interacción, es que quien os lo ha dicho no ha jugado a Caylus. Es un juego perfecto para aquellos jugadores que disfruten con partidas donde sientan la presión en cada movimiento y cada paso en falso se pague. Y además con un puntito de interacción más que la mayoría de juegos de su género.

Permite partidas de 2 a 5 jugadores, con una edad mínima recomendada de 12 años y una duración media aproximada de unas dos horas.

 

Agotado

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Descripción

Año 1289. Para fortalecer las fronteras del Reino de Francia, el Rey Felipe, el Guapo, decidió que se construyese un nuevo castillo. En estos momentos, Caylus es sólo un humilde pueblo, pero muy pronto los albañiles y los artesanos llegarán en tropel, atraídos por las buenas perspectivas de trabajo. Alrededor del lugar de construcción del castillo, lentamente, está creciendo una ciudad…

Si miramos el reglamento y les echamos un vistazo a los mecanismos básicos del juego, no parece que la cosa sea para tanto: colocar señores en casillas para conseguir cubitos, usar los cubitos para construir más casillas o poner casitas en las distintas zonas del castillo, conseguir favores reales y avanzar en uno de los cuatro tracks para obtener una u otra ventaja, y que te den puntos de victoria. Nada fuera del otro mundo; de hecho, podrías explicarle el reglamento de Caylus a un niño pequeño y no tendría demasiados problemas para entenderlo.

Mecanismos simples, dureza máxima. Cada error lo pagarás al final de la partida.

Intentaremos desarrollar estrategias que nos renten beneficios con el paso de las rondas (ya sea en forma de recursos o de Denarios). Para ello intentaremos obligar al resto de jugadores que tengan que hacer uso de edificios de nuestra propiedad (normalmente anulando aquellos que nos hacen la competencia). Esto será vital, sobre todo en las primeras rondas a partir de que el edificio del Legislador esté en juego, porque será el momento en el que los jugadores intentarán montar monopolios con edificios que produzcan determinados recursos y eliminando el edificio neutral correspondiente. Andar lento en este momento de la partida puede ser fatal.

Cada movimiento tiene una importancia vital. Colocar un trabajador en una ubicación que no es la óptima en ese momento puede ser fatal, y liberar una reacción en cadena que destroce todos nuestros planes. Es de esos juegos que, ante el gran abanico de posibilidades que nos plantea en cada movimiento, hace aflorar ese sentimiento de agobio y de estrés que tanto nos gusta a los Eurogamers de pro.

Es difícil realizar una partida perfecta. Y a medida que el número de jugadores aumenta más aún. Cuantos más participantes en frente del tablero, más complejo será establecer una estrategia, principalmente porque el único factor para modular la partida es que los jugadores que inicialmente comiencen más abajo en el orden de turno dispondrán de algunos Denarios más. Pero ya está. Esto implica que, a mas jugadores, mas ubicaciones ocupadas habrá entre turno y turno de un jugador, por lo que la capacidad de acción se verá disminuida (y la sensación de agobio aumentada, por supuesto). Esto no quiere decir que el juego no funcione con algún número de jugadores, pero sí que a números altos la sensación de caos y poco control puede aparecer. A dos jugadores es como una partida de ajedrez. Solo tienes que estar pendiente de un rival y, más o menos, puedes intuir las acciones que va a intentar ejecutar en un turno. Pero a medida que hay más jugadores que vigilar, sus decisiones irán variando en función de las circunstancias, por lo que en partidas de 4 o 5 jugadores intentar predecir si una determinada acción va a permanecer libre hasta nuestro siguiente turno es toda una hazaña (especialmente a 5 jugadores). El juego ofrece sus mayores virtudes con 3 (incluso 4) jugadores. A 2 funciona perfectamente, aunque normalmente ganará el jugador más experimentado. Pero a 5 es el resultado es completamente imprevisible.

Otro de sus puntos fuertes es la rejugabilidad. El juego tiene una vida enorme. Cada partida va a ser un mundo totalmente distinto, y no hay una estrategia ganadora que te permita pasar las rondas con tranquilidad. Esto viene provocado por la “mutación” que sufre el entorno de juego. Me encantan los títulos que permiten a los jugadores modificar el marco de actuación a medida que la partida avanza. Que las nuevas acciones disponibles, así como aquellas que dejen de estarlo dependan de las decisiones de los jugadores es, probablemente, el elemento diferenciador de este juego. Esto provoca que, aunque cada partida comience con una situación inicial muy parecida (solo varía el orden inicial de los edificios Neutrales), el desarrollo de la misma difícilmente vaya a parecerse a las jugada anteriormente. Esto requiere un esfuerzo extra por parte de los jugadores porque deberán adaptarse e intentar optimizar al máximo sus recursos y trabajadores.

Como siempre que se trata de Edge Entertainment, nos encontramos con un acabado de categoría, con elementos de alta calidad. Fichas y losetas, tanto de cartón como de madera, son cumplen su función perfectamente.

Respecto a las ilustraciones, no vamos a decir que Caylus sea uno de los juegos más hermosos que existen. Es funcional, eso sí, pero no es vistoso. Las losetas de edificios tienen un cierto encanto, y el tablero central no está mal (aunque choca eso de que, si estamos construyendo el castillo, este ya aparezca ilustrado). Como habréis comprobado con el paso de los años, la caja ha sido rediseñada, pero ambas transmiten lo mismo, que dentro te vas a encontrar un juego duro (aunque a mí me motivaba más la original, con el rey

En definitiva, un señor juego, sobre todo si se disfrutan de las sensaciones que transmiten: devanarse los sesos en cada movimiento, sentir la presión tras cometer errores (que se cometerán) y luchar por intentar llegar de la forma más digna posible al final de la partida.