BRASS: Lancashire (EN ESPAÑOL)

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Descripción

BRASS: Lancashire (EN ESPAÑOL)

Bienvenidos a Lancashire en el Siglo XVIII. El mundo está a punto de cambiar desde algo que podríamos denominar casi medieval a lo que ahora conocemos como modernidad. Este cambio será conocido como la Revolución Industrial, aunque les tomará un tiempo a los historiadores darle ese nombre. Lancashire pasó a ser el centro de la industria del algodón en este período, a través de la inventiva de CromptonArkwright y Watt, entre otros. El poder del vapor se combinó con nuevas máquinas, se construyeron fábricas de algodón, y las minas se sumergieron a mayores profundidades para proveer del carbón que exigían estos aparatos hambrientos de energía. El traslado de carbón requirió de canales y luego vías férreas y, de esta manera, este círculo virtuoso llevó de innovación en innovación. Brass nos cuenta un poco de esta historia en forma de juego. El nombre proviene de una expresión típica de Lancashire:where there’s muck there’s brass“, que significa “donde hay suciedad, está el dinero.

Brass, probablemente el juego más reconocido del gran diseñador británico Martin Wallace, que cuenta en su currículum con otros títulos como LondonPrinces of the RenaissanceAge of SteamTinners’ Trail o A Study in Emerald

Brass es un juego económico en el que los jugadores deberán construir redes de comunicaciones entre sus industrias para poder alcanzar una productividad plena mediante una serie de cartas de su mano, las cuales podrán ser de industria (indicando el tipo de la misma) o de ciudad (sin indicar ningún tipo de industria). La construcción siempre conllevará un coste, por lo que antes tendremos que haber conseguido fondos. La partida se divide en dos periodos: canales (antes de la Revolución Industrial) y conexiones ferroviarias (en pleno desarrollo de la máquina de vapor), realizándose una fase de puntuación al final de cada una.

Con Brass uno se sienta a ganar dinero construyendo infraestructuras que alcancen su pleno rendimiento. Esto implicará endeudarse, arriesgar y, finalmente, ganar o perder. Como la vida misma.

Su grandeza reside en su balance entre la carga táctica y la carga estratégica. La primera se produce gracias a dos factores. Primero, por la mano de cartas, motor del juego. Y es que no podremos construir donde nos plazca, sino que tendremos que adaptarnos a lo que tengamos en la mano. Y segundo, por la interacción entre los jugadores. Que en nuestra mano haya cartas para poder realizar las acciones deseadas no implica que, cuando llegue nuestro turno, podamos llevarlas a cabo, ya que es bastante probable que alguno de nuestros rivales se nos haya adelantado.

Otra de sus grandezas es la sensación de desarrollo. Partiendo de cero, iremos viendo como nuestra presencia en el tablero va creciendo y las industrias se van activando. La verdad es que es muy gratificante. Pocos juegos consiguen transmitir esto con relativos pocos turnos.

También hay que alabar el gran trabajo de Wallace en cuanto a tematización. Es cierto que el diseñador británico trabaja desde este aspecto. Encuentra un marco de trabajo y desarrolla un juego en torno a él. En este caso, el brutal cambio que supuso la aparición de la máquina de vapor y el cambio en la logística, pasando del transporte mediante canales al uso del ferrocarril. La rejugabilidad que ofrece el juego es altísima. Todo gracias a las cartas y a las decisiones de los jugadores. Es difícil encontrarse dos partidas iguales. El juego da muchísimo de sí.

Brass es, sin duda alguna, un señor juego. De esos con sabor único y rejugabilidad enorme. Duros, con una curva de aprendizaje de pendiente no muy elevada, pero si larga. Los novatos recibirán severos correctivos antes de enterarse de qué va la película. Pero si os van este tipo de juegos económicos y con una buena carga interactiva, Brass debe estar en vuestras estanterías.

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