Belfort (Edición limitada)

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Descripción

Belfort (Edición limitada)

Belfort (Edición limitada) es un juego de colocación de trabajadores en el que los participantes deberán recolectar recursos para construir distintos edificios en los cinco distritos de la ciudadela. A lo largo de tres estaciones, los jugadores aumentarán su plantilla contratando elfos, enanos y gnomos, obtendrán títulos de propiedad con los que poder construir y aprovecharán el favor de los gremios para conseguir pingües beneficios. Tendrán que estar atentos a la distribución de los edificios de todos los jugadores, ya que al final de cada estación se evaluará cada distrito de la ciudad, aunque habrá que tener cuidado con progresar demasiado, ya que habrá que pagar impuestos en cada ronda.

Los jugadores interpretan a arquitectos de una ciudad de ambientación fantástico-medieval, en el que los trabajadores son elfos, enanos y gnomos. Estos realizarán tareas de recolección de recursos, construcción, así como labores administrativas, como visitas a los gremios para obtener sus favores.

La premisa de Belfort es bien sencilla: construye tantos edificios como puedas y distribúyelos entre los distritos que y amplia tu cuadrilla de trabajadores lo máximo posible, de forma que, cuando llegue la fase de evaluación, poder conseguir el máximo de puntos posibles. Es un diseño que no se anda por las ramas y es muy claro en su planteamiento y desarrollo.

Por un lado, los jugadores deberán desarrollar su tarea obteniendo recursos, ampliando plantilla y consiguiendo cartas de títulos de propiedad. Estos son los tres pilares del eje que representa la colocación de trabajadores.

La mecánica de mayorías que es la que pone la pimienta en el plato. Es un escalón más incluido sobre los títulos mencionados en el párrafo anterior, de forma que los jugadores no tienen un objetivo claro al que ceñirse, sino que este varia ligeramente según la situación de la partida. Es cierto que se siguen teniendo objetivos a corto plazo (los edificios), pero los importantes beneficios que estos proporcionan, así como los espacios donde construirlo son la clave. Un determinado edificio puede ser más o menos importante en función de cuando sea construido y en qué distrito sea ubicado.

Además, añade una capa de interacción más intensa entre los jugadores, ya que hay una competición directa por ser el jugador con más marcadores de propiedad colocados en cada distrito de la ciudadela, además de los gremios que activan efectos de ataque sobre otros jugadores.

Esto mantendrá a los jugadores en constante alerta, especialmente en lo que se refiere al orden de turno. Y es que Belfort es de esos juegos de colocación de acciones en dos fases (la colocación clásica hasta que Uwe Rosenberg la revolucionó), una primera en la que los jugadores se posicionan, y una segunda en la que se activan los efectos siguiendo un determinado orden. En este caso, cada jugador activa todos sus peones antes de que procesa el siguiente jugador. De esta forma, ir antes en el orden de turno te asegura poder actuar e intentar agotar reservas de elementos susceptibles de ser atacados por ese pérfido jugador que se ha colocado en uno de esos gremios con mala leche.

Y ya que hablamos del orden de turno, me gustaría destacar el curioso procedimiento por el cual los jugadores alteran las posiciones dentro del track correspondiente. Estamos acostumbrados a que los juegos que permiten variar el orden de turno funcionen por efecto cadena, de forma que las posiciones relativas entre jugadores que han optado por no variar dicho orden se mantenga. Aquí no, y los jugadores permutan sus posiciones, de forma que el que se encuentra en primera posición, a mediados de ronda puede encontrarse con que es el último.

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